La inminente sentencia en el juicio por el asesinato del valiente Obispo de La Rioja Mons. Enrique Angelelli durante la última dictadura, representa un nuevo hito en este doloroso pero esperanzador camino de reconstruir nuestro pasado reciente para iluminarlo de JUSTICIA.

Los crímenes de esta última dictadura cívico-militar-eclesiástica van siendo develados y nos ayudan a comprender todo lo que hoy nos pasa como Nación, como pueblo organizado. Y nos refuerzan la convicción de que en la democracia, en la libertad, en el respeto por nuestras instituciones, debemos buscar las respuestas, debatir las ideas, confrontar los proyectos y trazar los caminos.

Y la Justicia es un componente indispensable, irrenunciable para alcanzar la vida en paz y concordia. Las seguras condenas a Estrella y Menéndez no devolverán a La Rioja, a la Argentina, la vida de Mons. Angelelli, pero significarán una nueva derrota a la impunidad y al olvido.

Y también una nueva derrota a los pactos espurios entre los actores económicos, políticos, militares, eclesiásticos, institucionales, que pretendieron enterrar en el olvido esta parte negra, esta página oscura y trágica de la historia nacional. Todos deberán responder, más tarde o más temprano, ante la sociedad, y someterse a la majestad de la Justicia.

Tenemos el deber moral de recordar que estos pasos por la recuperación de la dignidad nacional son posibles por la decisión de ese último líder que nos dio la Patria, Néstor Kirchner, que impulsó la derogación de las vergonzantes leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Y ofrecer estas condenas como tributo a su memoria y su lucha infatigable por sus ideales.

Pero también debemos reflexionar sobre la realidad de que estas condenas, seguramente justas, seguramente merecidas, sólo significan eso: El triunfo de una lucha digna y ejemplar, para recuperar esta posibilidad de que una República, una Nación organizada, puedan castigar cualquier crimen contra su pueblo.

Aún así, no debemos perder de vista que lo más valioso, lo más brillante del pensamiento nacional es lo que destruyeron para hacer posible la antipatria. Ésa es la costilla que nos falta, y cuánto la sentimos, cómo lo pagamos con estos años de desencuentros, vacilaciones y fracasos. Ésa es la deuda que jamás podrán pagarnos, a nosotros, al País, a las generaciones venideras, los criminales condenados. Celebramos, sin embargo, el triunfo de la Verdad y la Justicia, de la Justicia republicana, sin concesiones, única garantía de una paz duradera.

Un abrazo fraterno a los representantes catamarqueños en ese juicio histórico, el abogado Guillermo Díaz Martínez y el integrante del tribunal Dr. Reynaga, cuyas actuaciones nos enorgullecen.

Por Julio Misael Herrera – Pte. del Partido Intransigente