A mediados de febrero, en el marco de la Campaña Antártica de Verano y de las actividades de apoyo logístico al desarrollo científica que desarrolla la Fuerza Aérea, se sobrevoló una grieta que evoluciona en la Barrera de Hielo Larsen C, en la región oriental de la Península Antártica, unos 500 kilómetros al sur de la Base Marambio.

El reconocimiento aéreo permitió detectar que faltan desprenderse unos 20 km para que la masa de hielo se fracture totalmente y se desprenda hacia el mar, informó la Fuerza Aérea Argentina.

Según estimaciones realizadas por el Instituto Antártico Argentino, la superficie desprendida sería de unos 5.900 km2, unas 30 veces la superficie de la ciudad de Buenos Aires.

La dinámica de fractura y desprendimiento de enormes masas de hielo alteran el balance entre el agua contenida en el hielo continental de la Antártida, y el océano circundante, informan los científicos, quienes siguen con preocupación la estabilidad de las plataformas de hielo.

Este fenómeno, cuyas causas y evolución se investigan, podría estar vinculado al cambio climático global, aunque aún no hay conclusiones.

La pionera misión científica, lograda gracias a la operación de la Fuerza Aérea, tuvo alcance mediático nacional y trascendencia internacional, dada la importancia de la observación y la posibilidad que tiene la Argentina de acceder a sitios tan remotos, gracias al esfuerzo conjunto de científicos y personal de las FFAA y a la presencia ininterrumpida de nuestro país en la Antártida, que sostiene seis bases permanentes y otras tantas transitorias distribuidas por todo el sector.

La misión

La comitiva se trasladó en un avión bimotor DHC-6 Twin Otter, de la Escuadrilla Antártica de Vuelo Águila. La aeronave y su tripulación están apostados en la Base Marambio y pertenecen a la IX Brigada Aérea de Comodoro Rivadavia.

El vuelo fue planificado por el Instituto Antártico Argentino, junto con la Dirección Nacional del Antártico, el organismo de la cancillería argentina que coordina y ejecuta las actividades científicas, y el Plan Anual Antártico, junto a las Fuerzas Armadas, científicos y tripulantes de la Base Marambio.

La operación requirió una planificación cuidadosa, atendiendo a la distancia a recorrer (superior a 1.000 km ida y vuelta), por lo cual se debió instalar un tanque auxiliar interno de combustible para que el trayecto se efectuara de manera autónoma sin escalas.

Además del estudio de la zona de reconocimiento de Larsen C, analizando imágenes satelitales y estableciendo puntos de coordenadas de vuelo, se contó con el apoyo del Centro Meteorológico Marambio, dependiente del Servicio Meteorológico Nacional.

El capitán Gastón Valussi, uno de los pilotos del vuelo, expresó: “Todo estaba previsto y acompañado por condiciones meteorológicas adecuadas, el 16 de febrero a las 10 horas, el Águila despegó de la pista de Base Marambio con proa hacia los confines del Sur Antártico”.

Dos horas y media después, la aeronave llegó a la Barrera de Larsen C. Al respecto, el capitán Valussi comentó acerca de la experiencia: “Una imagen que reconforta lo más profundo; kilómetros de hielo milenario, imponente desde su inicio y sin límites en el horizonte”

Y siguió: “Lentamente el Twin Otter comenzó su descenso y la tripulación efectuó los ajustes para realizar el sobrevuelo sobre tan magnánima masa de hielo. A los minutos comenzamos a vislumbrar la grieta, que anticipaba el devenir de un momento trascendente en cada uno de los que éramos parte de ese vuelo”.

Cumplida la tarea principal, se discutió la posibilidad de continuar el vuelo siguiendo la grieta hacia el sur, pero una formación nubosa amenazante decidió el regreso a Marambio.

El vuelo hacia Base Marambio continuó normalmente luego de tomar fotografías de los glaciares ubicados sobre la cordillera de la Península Antártica, como parte del relevamiento glaciológico.

Las tripulaciones de Twin Otter cuentan con un entrenamiento específico para vuelos en la Antártida bajo condiciones climáticas adversas y para anevizar (aterrizar en la nieva) en glaciares, gracias un sistema de esquí-rueda que posee la aeronave.

Como observador del vuelo participó el ingeniero Sebastián Marinsek, jefe del Departamento de Glaciología del Instituto Antártico Argentino, y lo acompañó el licenciado Carlos Bunge de la Dirección Nacional del Antártico (DNA).

La tripulación que realizó el histórico vuelo a la grieta de Larsen C estuvo formada por el piloto mayor Cristhian Rodríguez y el capitán Gastón Valussi; los mecánicos, suboficial principal Aldo Latorre y la cabo primero Gisela Ceballos, junto con el operador de carga, cabo primero Emanuel Chechi.