Desde que el ser humano le ha sido otorgado el privilegio de poseer sentido de la belleza, La fealdad es un desvalor, la carencia de algo que al hombre le corresponde por derecho y que es necesario para su integración: de ahí el valor trascendental que posee la belleza en ser humano.

Sin embargo, es importante tener presente que un ser humano feo desde el punto de vista puramente corporal puede estar tan profundamente iluminado por la luz de la belleza espiritual, que el conjunto sea dominado por esta. En estos casos, la admiración que despierta la belleza es reemplazada por el encanto que despierta la GRACIA. Podríamos decir que la GRACIA es una belleza en movimiento, un DON producido por la persona, no otorgado por la naturaleza. La BELLEZA gusta por las reglas; la GRACIA en cambio no necesita de ellas.

Así como Platón en sus DIÁLOGOS maravillosos une los conceptos de la belleza y de amor, el cirujano plástico debe unir en su obra un elevado concepto de la belleza y un gran amor por su especialidad que, en definitiva, es amar al ser humano en su unidad psicosomática, comprendiéndolo y compenetrándose en sus deseos, temores, angustias y ansiedades, pues solo podrá ejercitar esta especialidad aquel que se haga cargo de la naturaleza íntima del ser humano.

Solo así y sabiendo que toda obra es perfectible, podrá mejorar sus resultados constantemente sin estar jamás plenamente satisfecho y comprendiendo así que solo la felicidad plena del paciente podrá traducir un buen resultado quirúrgico, porque, mientras esto no suceda, el objetivo no habrá sido plenamente logrado. Parecería, por lo expuesto, que para un cirujano con excelente formación quirúrgica y que posee además un desarrollado concepto de la belleza, el acto quirúrgico resultaría fácil y placentero; sin embargo, no es así porque cuanto mayor es el refinamiento de su técnica quirúrgica y más cultivado su concepto de la belleza, cada obra, por más simple o rutinaria que parezca habrá que ejecutarla al precio de una dura labor y de una intensa aplicación de todas sus facultades mentales y espirituales.

Esto, en definitiva, trasunta la enorme responsabilidad que debe asumir el Cirujano Plástico ante cada caso en particular, en el que deberá poner en juego ese criterio propio e intransferible, porque si bien en su formación ha desempeñado un papel fundamental su escuela quirúrgica, y especialmente sus maestros, siempre le imprimirá a cada acto su propia idiosincrasia individual, comprendiendo y haciendo comprender a sus pacientes que la belleza mayor es el esplendor del espíritu y que muchas veces una arruga o una pequeña imperfección puede ser expresiva si está animado por una actitud vital y positiva. Y esto está relacionado, sin duda, con una sana y bien entendida filosofía de la vida.

Todo esto significa que es necesario que el cirujano comprenda y conozca a su paciente, para no confundir el idioma que debe establecerse entre ambos, y que existirá un justo acuerdo entre las pretensiones del paciente y las posibilidades del cirujano, porque también es importante valorar en su medida el concepto de la belleza del paciente, puesto que si el mismo difiere totalmente del que posee el Cirujano Plástico, jamás podrá obtener un resultado satisfactorio.

Por ultimo diré que solo en un perdurable amor por la humanidad estará siempre el concepto de la belleza, que otorgará dignidad al especialista y el día que sienta que su sensibilidad ha descendido a tal punto que su fibra espiritual y sus nervios han dejado de estremecerse ante el milagro y el misterio que ofrece la belleza al comenzar una intervención quirúrgica en busca de la perfección, podemos afirmar que la vida del Cirujano Plástico ha terminado porque ha perdido el Concepto de la Belleza que solo poseen los espíritu que laten con ella.

Dr. Celín A. Quintar – Especialista Universitario en Cirugía General – Cirugía Plástica y Estética. (MP.2176 – M.E. 1024 – M.E. 1094)
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