El músico popular más convocante de la Argentina asegura que se puede padecer por celos o posesión, pero no por el amor en sí. Y cuenta que trabaja para lograr el equilibrio entre cuerpo, mente y espíritu.

“Que Dios los bendiga y la Virgen los proteja con su manto. Y si alguien no cree en Dios o en la Virgen, que la vida, el éxito, la buena suerte, el Universo o como cada uno le quiera llamar, los llene de felicidad porque -venido a l caso- es exactamente lo mismo”.

Abel Pintos eleva su brazo derecho. La palma extendida hacia el público. Los fans se ponen de pie. Guardan silencio. El músico popular más convocante de la Argentina imparte su ya clásica bendición. Abel es Dios. Su propio equipo lo llama “El Mesías” porque sale a cantar y a los pocos minutos detiene el diluvio. Sin embargo, el flaco de 1,86 metro relativiza una y otra cuestión. Se ríe con sus hoyuelos por lo del Mesías, y explica que el asunto de la bendición le nace naturalmente y que tampoco es una bendición sino “algo así”. En ese sentido, admite una faceta desconocida: “Sé que muchos me ven como un ser místico o espiritual.Pero me gusta pasar mis sentimientos por la razón”.

Toda una definición de una estrella consagrada que representa mucho más que la energía amorosa que derrama con su música. Abel es, sobre todo, una persona cerebral. El mismo se define en la “búsqueda del equilibrio” para alcanzar la felicidad. Bajo escena, asoma un hombre reflexivo a punto obse. Medido. Inteligente. Complejo quizás.

Cumplió 21 años con la música y tiene 32 en el documento. 11 discos. En la previa de uno de sus recitales por el interior del país, recibe en exclusiva a Viva. Comparte un banco de plaza en la quinta mendocina donde se aloja. Abel se sienta a un lado y hace lugar a la cronista. Repara en la libreta de notas. Caballero y atento, acerca una botella de agua. Cruza sus larguísimas piernas. Elude con picardía el misterio que ronda su intimidad. Juega con eso. Lo alimenta con frases ambiguas y desdibuja intrigas con maniobras dignas de un hombre que sabe seducir a una mujer. Magnético, lector serial, elige cada palabra y cada silencio. La charla deviene en apasionante thriller psicológico.

¿Por qué preservás tanto tu privacidad o nunca se sabe con quién salís?

Todo ser humano necesita su punto de intimidad. A una persona expuesta se le notan más las áreas no expuestas. Me reservo pero no por cuidar nada en particular o por tirar abajo una expectativa. No, no. Nada que ver.

Decís que el escenario es tu lugar de expresión. Pero, ¿existe algún sentimiento que no hayas podido contar con la música?

No (hace un silencio largo). Evidentemente, todo lo que he necesitado decir y que he estado listo para comunicar, lo he hecho. Probablemente haya muchas cosas dentro mío, aún procesando, que en su momento encontrarán su forma de salir. No me gusta adelantarme. Por más que pueda verlo con anticipación.

¿Siempre entendiste tus propias emociones o tuviste crisis?

Estoy muy atento a las emociones que me suceden. Le doy el mismo espacio, tiempo y dedicación a las más positivas como a las menos positivas. Son parte mío y están ahí para enseñarme algo.

¿Cómo canalizás tu energía? ¿Hacés yoga, terapia hablás con amigos, escribís?

De muchas formas. La música, principalmente. Pero también cuando corro, nado, leo o converso con alguien en especial. Mientras converso con vos, estoy atento a lo que me está pasando. No digo “ahora estoy en la charla, no tengo que estar sintiendo tal cosa”. Estoy atento. Entonces, cuando tengo que expresar esas cosas, no tengo muchas barreras.

¿Nunca te arrepentiste de haber abierto tu corazón a alguien?

Nunca me arrepentí de haber dicho nada, ni por expresar algo ni por abrir mi emoción. Nunca.

¿Aunque te hayan hecho doler?

Si lo hice es porque lo elegí. Y si más tarde sufrí en relación a eso, habré sufrido por otra cuestión. No por la emoción que me llevó a expresarme.

¿Sufriste por amor?

Nunca sufrí por amor. No considero que uno pueda sufrir por amor. Hay muchas cosas que, en apariencia, componen al amor y que nos pueden hacer sufrir.

¿Qué cosas? ¿Celos, posesión?

Cuando una persona cree en Dios, le pide un milagro y el milagro se cumple, da gracias a Dios. No le cuestiona cómo ni por qué sucedió el milagro. Pero cuando uno tiene fe en Dios y sucede algo que le provoca mucha tristeza, uno se enoja con Dios. No es así. Yo creo en Dios. Cuando sucede un milagro, creo en Dios. Y cuando sucede algo que me provoca mucha tristeza, sigo creyendo en Dios. La tristeza tiene que ver con un montón de cosas que nada se relacionan con mi fe en Dios. Con el amor pasa lo mismo. Además, Dios y amor probablemente sean lo mismo.

¿Cómo es eso?

Si yo siento amor por alguien o por algo, siento ese amor en el contexto que sea.

¿Aún cuando no haya correspondencia? Es muy elevado lo que decís.

La correspondencia, la pelea o que te lleves bien o mal con alguien, tiene que ver con otras cosas. Con la psicología, con la historia de cada uno, con el intelecto, con la razón. Dios, como el amor, transita muchos contextos. Yo le canto tanto al amor como a los contextos.

¿No serás un poco negador?

Que yo sienta que uno no puede sufrir por amor, no significa que niegue que sí se puede sufrir en relación al amor. De hecho, si escribo una canción de una pareja que se separa y está lejos, hablaré de lo que se sufre en la distancia. Pero no por eso me la voy a agarrar con el amor. ¿Se entiende?

Es una discusión semántica, en un punto …

No creo que el amor sea complejo y nosotros seres simples que no logramos abordarlo. Es al revés. Las personas somos complejas y el amor es simple. ¡Gracias a Dios! Porque así podemos crecer, evolucionar y aprender.

¿Cuándo fue la última vez que lloraste por amor?

Que lloré en relación al amor.

¡Ay! sos tremendo. Tan cerebral.

Soy cerebral, como todos (se ríe).

Bueno. No contestaste. ¿Cuándo fue la última vez que lloraste por amor ?

No lo sé… Hará dos semanas.

¿Y qué hiciste?

Nada. Lloré (se ríe).

¿Mandaste un mensaje de texto? ¿Pataleaste? ¿Te quejaste?

Hice lo que correspondía. Pero pará, quiero volver sobre el asunto de ser cerebral…

Adelante.

Tenemos una mente, un cuerpo y un espíritu. Yo estoy atento a mis tres composiciones y a no exacerbar ninguna de ellas. En eso está la búsqueda del equilibrio que nos permite la felicidad.

¡Cuánto control! Sorprende porque sos el mismo que compone canciones tan románticas e intensas…

Desde ya que soy mental. Y reparo en lo que me sucede a nivel emocional y espiritual. Pero me gusta pasarlo por mi razón y expresarlo por mi físico. Cuando canto, cuando corro, cuando nado.

¿Cómo salen las canciones?

He compuesto una canción en medio de un concierto, corriendo o nadando. Uno nunca sabe cuándo va a venir esa canción. Pero sucede. El proceso se asemeja al del llanto. Uno no sabe cuándo va a llorar. Sino que ocurre algo, en general inesperado, que funciona como disparador por cosas que ya se venían procesando desde antes. Cuando siento que viene el llanto, le doy su espacio. Con la música pasa igual. El primer pulso es emocional. Después la afino con mis heramientas.

Canciones tan emotivas como Motivos, Una razón, Mariposa y otras, ¿se las cantas a alguien en particular?

Todos le cantamos a alguien. Pero con los años esas canciones se van reinterpretando. Cada vez que la reversiono, adapto la emoción al momento presente. Los sentimientos van evolucionando pero los motivos siguen siendo los mismos.

¿Te fueron infiel alguna vez?

Para que exista infidelidad tiene que haber convenidas previamente ciertas reglas entre esas dos personas. Si tu pregunta es si alguna vez alguien rompió esas reglas que había establecido conmigo, la respuesta es sí. Lo que pasa es que seguimos siendo los mismos, pero nos relacionamos con cada persona de una forma muy distinta. Cada uno es un universo muy grande.

Generás emociones profundas en el público. ¿Cómo hacés para que esa ola de sentimientos no te desborde?

Es un modo que tengo de administrar las cosas. No es que si otro grita y yo no, uno está haciendo las cosas bien y el otro mal. Cada uno hace lo que siente. Yo también tengo mis momentos de euforia, pero habitualmente se despiertan durante el concierto. Es una circunstancia de muchísima alegría. De gran libertad para expresarme con cada centímetro de mi cuerpo. Es muy liberador. Luminoso.

Intimo y expuesto a la vez.

Cuando uno se permite la entrega, a través de cualquier tipo de reacción –euforia, grito , emoción, llanto, abrazos– es un momento en que uno está realmente muy dentro. Presente. Por eso lo respeto tanto. No vamos por la calle todos los días gritando o llorando. O expresando nuestra alegría a destajo. Por eso cuando sale, hay que respetarlo.

Se te ve muy tranquilo. ¿No te molesta que los fans te griten o te acosen?

Si una persona tiene muchas ganas de gritar, que grite todo lo que quiera. No me molesta. Y si interrumpe lo que estoy haciendo, le explico. Por otra parte, me gusta cómo el público me contiene en el concierto y me gusta contenerlos a ellos debajo del escenario, en la medida de mis posibilidades.

¿Jamás te sacaron?

En general es difícil sacarme. Si tu manera no me es cómoda, está en mí la forma de relacionarme con eso, o de hacerme a un lado. No está en mí tener que cambiar al otro.

¿En el amor sos cerebral o pasional?

Tan cerebral como pasional (se ríe). No me gana un hemisferio o el otro.

¿Cuántas camas tenés?

En un gran porcentaje del año, 60% o más, duermo cada día en una cama distinta. Dormir en casa no es igual que dormir en ningún lugar. Pero no soy apegado. No.

¿Te gustaría formar tu familia?

Sí. Pero formar una familia no significa una presión. No considero que esté sujeto al tiempo ni a nada. Además, la familiaridad no tiene que ver con los genes. Hay mucha gente que comparte su sangre y no es familia. O al revés.

Llamás “familia” al público.

Exacto. No es un término demagógico. Nos cuidamos, nos respetamos, nos queremos, nos conocemos, nos identificamos, no nos juzgamos. Eso es una familia. No es poca cosa. Cuando todos estamos compartiendo un concierto, estamos creando una carácter particular. Es un carácter común, familiar, distinto al de cada uno. Eso es poderoso.

¿Cómo imaginás tu futura familia?

Aunque vea claro qué me gustaría o qué deseo, no me gusta adelantarme. Me gusta soñar y no crear expectativas. Porque, si con el tiempo las cosas son distintas, uno no las acepta y se vuelve más rígido. Y yo no soy un ser rígido.

¿Hijos adoptados o naturales? ¿Familia monoparental o familia tipo?

Decir voy a tener tanta cantidad de hijos, adoptados o naturales, son cosas que no hacen al deseo. Yo deseo formar una familia. ¿Cómo será? No lo sé.

Lo que decís implica una altísimo grado de libertad. Porque vivimos en una sociedad donde por familia se entiende mamá, papá y dos nenes.

Las cosas suceden cuando uno está listo. Probablemente lo que creemos que es una elección, en realidad lo elegimos porque –lo veamos o no– ya estamos preparados para asumirlo.

¿Algún día nos vas a contar a quién le compusiste “Mariposa”?

Nooo (se ríe). De adolescente, uno de mis ídolos contó el sentido literal de una canción que a mí me gustaba mucho. Que me gusta todavía. A partir de ahí seguí considerando la canción como una pieza musical bellísima, pero nunca más pude conectarme emocionalmente con ella. Yo contextualizaba la canción en otro lugar. Y cuando él explicó verso por verso fue muy doloroso.

¿Quién era el artista y la canción?

Digo el pecado pero no el pecador. No quisiera que le sucediera eso a nadie con una canción mía. Jamás.

¿A qué le tenés miedo?

El miedo es el más negativo de los sentimientos, porque provoca otros sentimientos negativos. Trato de no relacionarme demasiado con el miedo. Y cuando aparece en algún área de mi vida, prefiero poner mis energías en la fe o en lo que me cubra de eso. El sufrimiento físico es algo terrible. Yo acepto las polaridades de las cosas. Pero es cierto que juego siempre del lado positivo.

¿En algún momento tocaste fondo o tuviste un punto de inflexión?

Todo lo que me sucedía emocionalmente cuando escribí Sueño Dorado, mi primera canción, cambió mi forma de ver las cosas. Cuando me expresé a través de una canción mía, hice propio un montón de sentimientos y opiniones que antes no veía. Entendí la música de otra manera y así pasó en todos los órdenes de mi vida. No fueron momentos de tocar fondo. Sino luminosos.

¿Es una presión escribir 12 canciones por año?

Nunca dije “tengo que ponerme a hacer un disco nuevo”. Sino que llegó un nuevo disco porque había canciones.

Leí que querés escribir un libro. ¿Sabés el tema?

Es complejo, porque como público soy multigénero, como en la música. Resulta difícil para mí elegir un estilo de composición literaria. Tal vez termine escribiendo de todo un poco. Es la libertad de quien narra desde la ignorancia o desde el deseo. Me gustaría terminar el secundario, me falta un año, para seguir luego la carrera de Letras y tener más herramientas. Así disfrutaría más de algo que ya disfruto.

¿Tenés otros sueños pendientes?

Correr un maratón (42 kilómetros). De adolescente ya era una meta. Y ahora agregué el triatlón (bicicleta, nado y running). Por eso estoy tomando clases de natación, en un gimnasio cerca de casa, desde hace un año. Ya aprendí crol. Todavía me falta pecho y mariposa. Es buenísimo aprender algo de cero y moverse en un mundo nuevo. Volví a reírme de mí.

Un pedido en nombre de todas las fans: ni se te ocurra arreglarte ese diente torcido. ¿Oka?

(Se ríe) Si me lo arreglo, me estaría quitando el 45 a 50 % de mi personalidad. Mi diente torcido es mi ejemplo más claro de cómo puede uno relacionarse con sus imperfecciones. Y de cómo puede uno sentirse tan humano como imperfecto. Sonreír a boca abierta con este diente, eso sí que es personalidad.

 

 

 

Fuente: Clarin