La adición de inhibidores de la biosíntesis de las pirimidinas a la quimioterapia podría, por fin, frenar la progresión, cuando no curar, el cáncer de mama triple negativo.

A pesar de los avances logrados en los últimos años, un significativo porcentaje de tumores aún no puede ser erradicado por los tratamientos. Es el caso, muy especialmente, de los tumores triple negativo, los más agresivos y difíciles de tratar.

Y es que dado que este tipo de tumor carece de receptores para estrógenos, progesterona y HER2, no pude ser tratado con terapias hormonales. En consecuencia, los tumores triple negativo, que suponen hasta un 20% de todos los casos de cáncer de mama, tienen el peor pronóstico de todos.

De ahí la importancia de un estudio llevado a cabo por investigadores del Beth Israel Deaconess Medical Center en Boston (EE.UU.), comunicado en el portal abc, en el que se describe una “debilidad” de este tipo de tumor que podría emplearse para el desarrollo, por fin, de tratamientos específicos y eficaces frente a esta devastadora enfermedad.

Concretamente, el estudio, publicado en la revista “Cancer Discovery”, muestra que las células del cáncer de mama triple negativo tienen la peculiaridad de aumentar la producción de unos nucleótidos denominados “pirimidinas” cuando son tratadas con quimioterapia, así como que cuando se inhibe esta producción se bloquea asimismo su capacidad de proliferación, por lo que acaban muriendo.

Los resultados abren la puerta al desarrollo, por fin, de tratamientos específicos y eficaces para el cáncer de mama triple negativo. Tal es así que los autores ya están diseñando un ensayo clínico para evaluar la eficacia de la combinación de fármacos quimioterápicos y de inhibidores de la síntesis de pirimidinas –tanto experimentales como, sobre todo, ya aprobados– en humanos.

Como concluye el profesional médico Alex Toker, “hemos centrado nuestra atención en la vía de biosíntesis de las pirimidinas porque queremos diseñar una combinación terapéutica sin tener que desarrollar nuevos fármacos. Y es que ya contamos con un fármaco comercializado que inhibe una de las enzimas clave de esta vía. El reposicionamiento de este fármaco nos permite acelerar el proceso para lograr un impacto clínico y un beneficio de forma mucho más rápida”.

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