Era inevitable. En algún momento, luego de tanto desquicio institucional, la alianza radical-barrionuevista que conduce la Cámara de Diputados de la Provincia iba a desnudar un conflicto interno. Lo hizo estallar el ex secretario administrativo Sergio García, hasta ayer hombre de confianza del líder del Frente Tercera Posición, Luis Barrionuevo, quien cargó contra el presidente del cuerpo, Marcelo Rivera, y su entorno. García, de profesión abogado, dijo sentir vergüenza por el hecho de que la Cámara baja “está manejada por personas como las que están actualmente” en calidad de autoridades, y razonó que Rivera lo echó del cargo porque se negó a “firmar designaciones truchas”. No aclaró el ex funcionario a qué se refería puntualmente con “truchas”, pero tratándose de esta coalición FCS- F3P, conformada pura y exclusivamente para el reparto del botín presupuestario, no hay que esforzar demasiado la imaginación para deducirlo: nombramientos de parientes, amigos y punteros, en su mayoría con escaso apego al cumplimiento de las obligaciones laborales. Ayer, Rivera intentó responder con un formalismo: los decretos cumplen, aseguró, los requisitos legales establecidos. No justificó, sin embargo, la necesidad funcional de nombrar más personal. Y lo que es más importante, no negó que se traten de “ñoquis” propiamente dichos.


Rivera fundamentó el despido de García con los siguientes términos: “Es necesario realizar una reestructuración en el área administrativa de este poder del Estado, entendiendo que los cargos administrativos de naturaleza política revisten esencialmente una misión temporal, pues son cargos de confianza de autoridades superiores”, señala el decreto que lleva su firma. Traducción: García gozaba de la “confianza” de Rivera hasta que se cansó de avalar los chanchullos que se cocinan en la cúpula. Según dijo a este diario el desplazado dirigente, la persecución en su contra venía desde hace varios meses, y a tanto llegó que Rivera ordenó cambiar la cerradura del despacho que ocupaba, donde quedaron expedientes que García tenía pendientes de autorización. “Hago directamente responsables a ellos (por las autoridades de Diputados) por lo que pase con esa documentación”, se escudó. Puede dar por hecho que si se trata de las “designaciones truchas”, saldrán como por un tubo en los próximos días. Porque si algo demostró esta Cámara de Diputados, como lo señaló en reiteradas ocasiones EL ANCASTI, es que no tiene ningún prurito para desguazar el presupuesto y presionar al Ejecutivo para que le asigne más fondos destinados al clientelismo. De hecho, en el último año la sociedad radical-barrionuevista elevó en un 30% los gastos en personal. Rivera explicó el dispendio con un argumento de antología: es la forma de combatir la desocupación que asola a Catamarca.


Fue en ese contexto que la Legislatura aprobó para sí un presupuesto superior en 90 millones de pesos al que le había asignado, ya con un incremento considerable, el Ejecutivo provincial para este año. Los diputados incluso se permitieron chantajear al Gobierno obligándolo, mediante la modificación de un artículo de la Ley de Presupuesto, a que informe al Legislativo el excedente de ingresos que pudiera tener en 2015 y el destino que le asignará. Sería interesante que la propia Cámara baja detallara en qué gasta los recursos disponibles y también los que no tiene asegurados. De hecho, la avalancha de designaciones que firmó Rivera en diciembre pasado ya estaba afuera del presupuesto previsto. Pero esos socios políticos están convencidos de que finalmente podrán torcer el brazo al Ejecutivo y quedarse con el presupuesto autoasignado de 286 millones (contra los 231 millones que previó el Ejecutivo), van a desplegar todas las maniobras extorsivas que sean necesarias para asegurarse su año electoral. Tanta impunidad e irresponsabilidad institucional bien podría dar lugar a la intervención de la Cámara de Diputados a fin de restablecer la normalidad. Sus autoridades han dado motivos de sobra para ser acreedores a un remedio excepcional.

Fuente: El Ancasti