Una investigación española reveló que las marcas rebajan el “oro líquido” para abaratar costos y así se pierden gran parte de sus beneficios. Claves para reconocer que el producto está intacto.

Los beneficios del aceite de oliva son múltiples. Los más conocidos son la prevención de enfermedades cardiovasculares, la disminución de células cancerosas, la reducción del colesterol “malo” y hasta el control de osteoporosis. Todas estas propiedades pueden ser disminuidas por una mala costumbre, cada vez más asentada en la industria: adulterar el producto para bajar su costo y calidad.

En abril de 2016, el Ministerio de Agricultura y alimentación de España realizó una investigación y una grave denuncia: la existencia de marcas de este “oro líquido” que no hacen más que cometer fraude a la hora de ofrecer el producto en las góndolas. La carta del ministerio español desató las sospechas a nivel mundial. A partir de allí, organismos como el Conicet junto al proyecto europeo OLEUM, trabajan en el denominado “Programa Horizonte 2020” para desarrollar nuevos métodos analíticos de detección de aceites de oliva fraudulentos.

Rosa María Alonso-Salces, investigadora adjunta del CONICET y Sandra Fuselli, investigadora de la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC), lideres argentinas del proyecto internacional
Rosa María Alonso-Salces, investigadora adjunta del CONICET y Sandra Fuselli, investigadora de la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC), lideres argentinas del proyecto internacional, señalaron que “pretendemos determinar mediante métodos analíticos la adulteración del aceite de oliva virgen (AOV) con aceite de oliva desodorizado suave o con otros aceites vegetales; la autentificación de su origen geográfico, y la determinación de su frescura y vida útil, problemáticas que hasta hoy no han sido resueltas”.

El consumo de aceite de oliva se incrementó al punto tal que en restaurantes, hogares, casas de comidas han reemplazado al de maíz tradicional. En la actualidad, se han instaurado en la sociedad de consumo nutricional en el país, que además se posiciona como el décimo país productor mundial de aceites de oliva.

La doctora Rosa María Alonso-Salces investigadora Adjunta CONICET e integrante del proyecto, explicó que “el Parlamento Europeo en una reunión plenaria dedicada a la crisis alimentaria llegó a sentenciar que el aceite de oliva ocupaba el primer puesto dentro de la clasificación de los diez alimentos con mayor riesgo de sufrir situaciones de fraude. Ante este escenario, la Comisión Europea convocó un concurso específico dentro del Programa Horizonte 2020 con el objetivo de buscar estrategias analíticas que aseguren la autenticidad y calidad del aceite de oliva a escala mundial”, aseguró.

Si bien la Administración nacional de medicamentos, alimentos y tecnología médica (ANMAT) establece en el Código Alimentario Argentino (CAA), en sus capítulos V y VI, la normativa sobre la pureza de los alimentos grasos, aún existen marcas que pretenden vender aceite de oliva extra virgen cuando en realidad su contenido no lo es, por tal motivo resulta fundamental la intervención de dichos entes para su regulación total.

Un estudio elaborado por el INTI aconseja a los consumidores que tiene que tener en cuenta a la hora de comprar un aceite verídico:

“En Argentina el consumidor de este producto cree que el mejor aceite de oliva debe tener gusto fuerte a aceituna en salmuera. En realidad es todo lo contrario, debe tener un gusto suave, frutado, a hierba recién cortada. Algunos pueden ser hasta picantes dependiendo de la variedad de aceituna pero definitivamente no deben tener gusto a aceituna”.

 

 

Fuente: Infobae

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