Tal vez guiado por unos pocos alcahuetes que le esquilman los pocos -o tal vez muchos. pesos con los que se mueve, el ex gobernador Ramón Eduardo Saadi protagonizó un bochornoso show en la noche del 17 de octubre.

Quizá añorando el poder perdido hace más de dos décadas, el heredero del imperio político de Vicente Saadi, pretendió robar protagonismo en el acto del Día de la Lealtad y montar un escenario que pidió a las 4 de la tarde. Obviamente que no quería recordar la gesta del peronismo, sino pareciera que solamente lo impulsaba generar un poco de escándalo a metros del acto oficial del Partido Justicialista.

Solamente aplaudido por un grupúsculo de aduladores que le gritaban “Volvé Ramón”, el ex gobernador, demacrado y montado a duras penas en la caja de una camioneta intentó llegar a la misma esquina de Guemes y Rivadavia para ser visto. No reparó que había cientos de bolsas con ripio prestos para la obra de peatonalización del sector norte de la avenida colindante a la Plaza 25 de Agosto. Tampoco pensó en un posible cruce de barras, ni en pobables choques. El objetivo era tal vez justamente eso: Ser tapa de diario, total tiene muy poco que perder y mucho para ensuciar.

Posiblemente soñó ser un poco el Perón catamarqueño por unos minutos: hablar desde lo alto y que la gente se agolpe a verlo o intentar tocarlo, mientras coreaban su nombre. Nada de eso ocurrió. Pasó con mucha pena y olvido. No hacía falta cumplir este rol lamentable en honor a un apellido que mucho tiene que ver con la historia del peronismo de Catamarca.

 

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