Después de seis años sin estadísticas actualizadas sobre el consumo de alcohol y drogas en Argentina, la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas (Sedronar) y el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos difundieron los resultados de la Encuesta Nacional sobre Consumos y Prácticas de Cuidado.

Entre los datos más significativos, la encuesta muestra un fuerte crecimiento en el consumo de marihuana: 13,8% de los encuestados manifestó haber consumido marihuana, con fines terapéuticos y/o no terapéuticos, en el último año. El porcentaje es mayor en los varones (17%) que en las mujeres (10,8%).

En el anterior Estudio Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas, publicado por la Sedronar en 2017, el 7,8% de la población (10,7% de varones y 5,2% de mujeres) habían declarado su uso en los 12 meses previos.

La nueva encuesta tiene diferencias metodológicas respecto de la anterior. En el estudio de 2017 se tomó una muestra de 20.658 casos con una población objetivo de 12 a 65 años que residían en localidades urbanas de 80.000 habitantes o más.

Esta vez, se seleccionaron 23.466 viviendas y respondieron a la encuesta 12.062 personas residentes en viviendas particulares en localidades de 2.000 habitantes o más. Pero la población objetivo es diferente: se encuestó a personas de entre 16 y 75 años.

“El diseño muestral de la Encuesta Nacional de Consumos y Prácticas de Cuidado (ENCoPraC) se basa en el de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH)”, se lee en el informe realizado en 2022 y que se acaba de difundir.

Más allá de que ambas son encuestas nacionales y oficiales, tanto desde el INDEC como desde la Sedronar dijeron a Clarín que los datos de este estudio no son comparables con ediciones anteriores “porque hubo un cambio metodológico y el universo de análisis es otro”.

“Al momento de aumentar la edad, el universo cambia, por eso es que no es comparable el universo de los distintos consumos. Son dos fotos diferentes. Son 10 años más, que incluye a un grupo etario nuevo que son adultos mayores”, sostuvieron desde la Sedronar.

Otra diferencia es que ahora se optó por presentar sólo los resultados de “las sustancias con mayores prevalencias, en consonancia con los parámetros metodológicos del INDEC”, por lo que no se exponen las respuestas sobre éxtasis y opiáceos, entre otros, que tuvieron menos de un 5% de consumo.

Marihuana recreativa o terapéutica

Uno de los datos más llamativos es el de la incidencia del uso de marihuana, es decir, la estimación de la cantidad de nuevas personas consumidoras que iniciaron su consumo en el último año: este se situó en el 5,4%.

Poco más del 8% de la población, en tanto, manifestó haber consumido en el último mes. La prevalencia de vida -esto es haber consumido en algún momento- alcanzó al 26,3% de la población. De los tres indicadores, señala el informe, “tanto la prevalencia anual como la prevalencia mensual pueden asociarse al consumo reciente o frecuente”.

Respecto del uso terapéutico o recreativo de la marihuana, no está explicitado en los indicadores, salvo en el de prevalencia de vida: según detallaron a este diario desde el INDEC, “si se considera únicamente el consumo recreativo desciende al 21%”.

Del informe se desprenden algunos datos más que pueden mostrar una inclinación hacia el uso meramente recreativo: en los hogares con clima educativo alto se registró el mayor porcentaje de la prevalencia mensual (10,6%) del consumo de marihuana. La edad promedio de las personas que la usan es de 19 años; y el comportamiento de consumo está asociado directamente con el placer y la curiosidad (71,9%), el relax (46,0%), la desinhibición social (12,1%).

Francisco Dadic, director de Toxicología de la Fundación Iberoamericana de Salud Pública, consideró sobre estos resultados: “El aumento del consumo de cannabis tiene que ver con una mayor aceptación social. Así como pasa con el alcohol, lo mismo sucede con el cannabis, que sigue siendo una sustancia de abuso; la marihuana fumada está socialmente más aceptada”.

El médico toxicólogo del Hospital Durand analiza el crecimiento de este consumo y aclara que puede vincularse con las nuevas investigaciones que han mostrado el beneficio del cannabidiol (aceite de cannabis) para algunas enfermedades. Más gente que puede llegar a pensar en que el consumo de marihuana trae beneficios para el cuerpo.

Remarca que es importante hacer una diferenciación entre “la ingesta de aceite de cannabis prescripto por un médico y la marihuana fumada, que tiene tetrahidrocannabinol, con otro mecanismo de acción: es psicotrópico, es psicoactivo, provoca cuadros que pueden llevar a paranoia, y que en consumos crónicos puede llevar a un síndrome desmotivacional”.

Otro dato llamativo desprendido del informe es que el 60,8% de las personas encuestadas declaró haber combinado la marihuana sin fines terapéuticos con el alcohol en el último año. Dadic enfatiza en que este comportamiento es habitual entre dos sustancias que son vistas con fines “recreativos”.

“Marihuana y alcohol es una asociación muy frecuente. Son dos sustancias de abuso muy aceptadas, incluso más que el tabaco. Hace 20-30 años atrás era considerada una sustancia de riesgo, entonces había más temor para acceder o para empezar a consumirla. Ahora hay una paridad de género, en varones y mujeres. Se da más en jóvenes por el encuentro social, en mayores se puede asociar más al relajamiento”, agrega.

El profesional advierte que el uso de cannabis en jóvenes puede verse como “exploración”, lo cual es sumamente riesgoso: “Por eso es tan importante llevar información correcta sobre las sustancias de abuso. Que entiendan qué es lo que provocan para evitar que no se llegue a cosas peores como por ejemplo la cocaína, el fentanil o la heroína”.

Acerca del crecimiento del consumo entre personas con nivel educativo alto, el especialista reflexiona con que esto puede asociarse a esa aceptación social del uso de marihuana. “Puede que esta persona que antes no la consumía, ahora la consume pensando que tiene beneficios para el cuerpo. Por toda esta confusión que hay entre la marihuana fumada como método recreativo y el tratamiento con derivados canábicos”, destaca.

Cocaína y alcohol

Sobre la cocaína, la prevalencia –el consumo en algún momento de la vida– fue del 5,1% para ambos sexos. El indicador es prácticamente similar al de la encuesta de 2017 (5,3%), que a su vez había marcado un salto del 100% respecto al estudio de 2010.

El alcohol es, por lejos, la sustancia más consumida: el 66,2% tomó alcohol en algún momento del último año y el 51,2% lo hizo en el último mes. En algún momento de su vida, fueron el 84,7%.

En todos los casos los hombres son los que más beben, con diferencias por sexo de entre 11 y 21,1 puntos porcentuales según la variable: el último mes, tomaron el 62,1% de los varones y el 41% de las mujeres.

El mayor consumo de alcohol se da entre los 25 y 34 años, donde la prevalencia mensual es del 59,7%. En la franja etaria más joven medida por la encuesta, de 16 a 24 años, ese indicador es del 52,2%.

Tabaco

Respecto del tabaco, casi la mitad de la población (el 49,2%) dijo haber fumado en algún momento de su vida, cuando en 2017 respondió afirmativamente poco más de la mitad de los encuestados.

Los más jóvenes son los que menos fuman cigarrillos: 29,2%. Los que más fuman: los más grandes, 58,6% entre 66 y 75 años.

Tranquilizantes

En cuanto al consumo de ansiolíticos o tranquilizantes, el 14,1% los utilizó en algún momento de su vida y el 6,9% lo hizo en el último año. Este es el único caso en el que el consumo es mayor en las mujeres, con una tasa en la prevalencia de vida que supera en cinco puntos porcentuales a los varones. El 14,5% consumió psicofármacos sin receta.

Respecto de las edades de inicio en el consumo, los tranquilizantes son los que empiezan a consumirse a mayor edad: 39,9 años en promedio. En la cocaína, la edad media es de 20,8 años y en la marihuana, de 19,8 años. En el alcohol y el tabaco es más precoz: 17,7 y 17,4 años respectivamente.