Jürgen Klopp nació en Stuttgart, pero rápidamente se fue a vivir con sus padres a Glatten, una hermosa ciudad en plena Selva Negra, un lugar fantástico en la cuenca del Rhin, llamada así por los romanos por su intenso follaje de abetos negros que oscurecían los senderos.

Glatten no tiene más de 15 km2 y cuando Jürgen corría como niño, no más de 1500 habitantes. No se jugaba al fútbol, pero su padre, Norbert un jugador frustrado, quería que su hijo de gran estatura y porte físico fuera una estrella. Debió mudarse a  Mainz  y allí jugó en el 05, no se destacó ni como de delantero ni como defensor y rápidamente lo llevaron a la gerencia del club. Por aquel momento Jürgen Klopp decía: “En mi carrera de futbolista no logré trasladar al campo lo que en ensayaba en mi cabeza. Tenía una habilidades para la de tercera división y un talento de primera, por eso siempre jugué en segunda”. De joven era serio y leal, feliz jugando y organizando. Era de los que creían que siempre se puede y cuando no sale, se levanta otra vez, lo intenta de nuevo. Perseverante, de fácil palabra, buen estudiante.

En febrero del 2001 lo nombraron gerente deportivo del Mainz 05, permaneció allí durante 7 años, fue su manager y a la vez entrenador. Se fue al descenso en el 2007 y un año después lo contrató el Borussia Dortmund. Su carácter no cambió. Gracioso y divertido. Apasionado e imprevisible. Profesa su fe cristiana sin tapujos, filmó un documental “Dios ayuda desde arriba”, donde se explayó sin reservas sobre su convicción religiosa: “La fe en Dios es mi sustento y mi guía vital. Dios está contento como soy”.

Jürgen reconoció que aunque en su hogar de la infancia en Sttutgart el culto protestante estaba muy arraigado, él encontró la fe de adulto y muchas veces lamenta no concurrir a la misa dominical por sus obligaciones con el fútbol.

De un buen humor envidiable, despierta simpatías por doquier, es querido por sus jugadores, pero aclara: “No busco amigos en el fútbol, ya tengo suficientes en mi vida social”. Se burla de sí mismo: “Me fui quedando pelado, pero me hice un trasplante de pelo y me queda genial, ¿no ?”, y enseguida lo acompaña con una risotada.

Es un trabajador infatigable, su despedida de Mainz fue dolorosa para todos y el presidente del equipo Harald Stutz dijo: “Jürgen tiene cualidades que son imposibles de aprender. Es cálido y generoso, de una enorme imaginación para crear sistemas y mejorar jugadores”.
No le gusta describirse a sí mismo, “soy un normal one”, contrastando con José Mourinho, uno de sus mejores amigos, cuando éste se definió como el número uno sin ningún rubor.

“Hay técnicos como Wenger que les gusta jugar al fútbol como una orquesta silenciosa, a mí me gusta más el heavy metal”, dice Klopp. Sus equipos son ordenados, pero aguerridos. Se transforma en la cancha y no deja gesto sin exponer. Su frase de cabecera es “nunca estoy interesado por el problema, solo me urge la solución”.

Ganó dos campeonatos con el Dortmuntt en la Bundesliga en el 2011 y 2012 y jugó la final de la champion con el Bayern en Wembley . No copia, tiene su estilo, rígido por momentos, alegre y rápido en otros. Forjó jugadores que se fueron al Bayern Munich, su máximo rival: Lewandowski, Gotze y Hummels, por caso.

Descubrió al gabonés Aubameyang, hoy figura en el Arsenal. En el 2015 se alejó del Borussia y 8 meses después firmó por el Liverpool de Inglaterra. Le gusta ser agresivo como entrenador, sostener la alta intensidad y presión en el medio, con transiciones de balón rápidas y verticales.

Fue comentarista de la televisión alemana y llego a decir cierta vez: “Entiendo a los periodistas que critican, este partido que estoy narrando es tan aburrido que me quedé dormido”. Allá abajo, en su sitio, en el banco de suplentes se vibra de otra manera.
No se compara, ni confronta, es altamente competitivo y llegó a jugar al final de la Champions ante el Real Madrid en un partido accidentado, pero no se le escuchó una queja. Ramos lo dejó afuera, con mala intención, a Salah, su joya, a los pocos minutos de juego.

Por cada club que pasa equipara sus sueldos al de sus colaboradores, limita el campo y acción de los representantes. Les concede a sus futbolistas permisos para organizar fiesta con familiares y amigos y de repente aparece como uno más.

Este miércoles enfrenta un desafío más, juega el partido de ida en Barcelona ante su admirado Messi (“me saqué una selfie con él”): “Creo con Pelé y Maradona son los mejores jugadores que vi”.

Como los más excelsos trovadores de su región natal, la Selva Negra, Kloop también toca un instrumento encantador, su discurso. “Yo diría que nuestra misión es hacer de nuestro pequeño pedazo de tierra un lugar hermoso. Es mi deber a ayudar a los demás, por eso quiero colaborar en mejorar mi club y mis jugadores. La vida se trata de de dejar en cada paso un buen recuerdo, de darlo todo. Quiero amar y ser amado”.

Cuando los simpatizantes del Liverpool cantan su himno, la canción Nunca caminarás solo, escrita por Richard Rogerds y Oscar Hammerstein para una obra de Broadway, y que hoy también entonan los simpatizantes del Borussia Dortmund, que lo recuerdan con nostalgia, Klopp jamás pensó que sería la melodía que lo acompañaría toda su vida: “Yo como el señor nací para servir, no pretendo nada más”.

Se ganó el respeto de todos. “Claro que me gustaría ser campeón, estuvimos a dos pasos… Pero quisiera lograrlo siendo feliz y acompañado por mis amigos, los jugadores, los dirigentes y los hinchas, los verdaderos dueños de cualquier victoria”. Le falta dar el tercer paso…