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La escritora y periodista María Seoane aseguró que la muerte de Eva es un fenómeno “para entender la manera en que se expresa la violencia o el odio político en la Argentina”.

A cien años del nacimiento de Eva Duarte, Seoane escribió junto a Víctor Santa María el libro ‘Eva Perón. Esa Mujer’, que presentarán hoy a las 19 en la sala Jorge Luis Borges donde disertarán Alejandro Dolina y Dora Barrancos, y Nacha Guevara estará a cargo del cierre musical.

Para Seoane, en la actualidad hay temas de la agenda que Evita marcó que en la actualidad habría que retomar. En ese sentido, subrayó que “el Estado debe ser un Estado benefactor, que proteja a los más débiles y que participe en la distribución del ingreso”.

Además, agregó que se debe hacer hincapié en su frase célebre “donde hay una necesidad hay un derecho”.

Por otra parte, Seoane se despegó de las versiones que la señalaban como la escritora en las sombras del libro de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner y consideró que es un éxito de ventas porque “el tamaño de la demanda tiene que ver con el tamaño de la esperanza”.

“Me gusta. Me encanta que esté en primera persona. Es ella, parece que te está hablando todo el tiempo”, concluyó Seoane.

-¿Cómo surgió la idea de su último libro Eva Perón, esa mujer?

-Este libro lo hicimos con Víctor Santa María, que dirige el peronismo de capital, y además es presidente del Grupo Octubre, y hace años que trabajamos juntos en distintos proyectos culturales como Caras y Caretas. Habíamos hecho en 2007 un cuaderno de la Revista Caras y Caretas que se llamaba Evita esa mujer, pero tenía otro perfil, era la historia más biográfica de Eva Perón. Entonces ahora, con los 100 años de Eva, tomamos la decisión de hacer un nuevo libro, esta vez con fotografías, muchas inéditas. Hay dos ediciones, una que es rústica, que salió con Página 12.

-Y otra edición que es la de tapa dura.

-Que es la edición más cuidada, de lujo, con fotografías en papel.

-¿Qué quería contar a cien años de su nacimiento con todo lo que se ha dicho de Evita?

-Contar la historia de amor de Eva, pero no solo con Perón. Esa historia del peronismo protagonizada por Perón y por Eva es una gran historia de amor, tanto de una pareja, como una gran historia de amor política. La política sin amor, es como una constitución sin pueblo, es como una aventura sin alma. Coincidimos mucho con Víctor (Santa María), porque lo charlamos juntos, yo tengo la pluma él tiene la capacidad de edición, de organización. Veíamos que era necesario perfilar los sectores sociales, lo que Eva había representado para los trabajadores, los ancianos, las mujeres, los niños. No era solo la biografía de ella, desde su nacimiento hasta su inmortalidad, más que su muerte.

-¿Considera que Evita era feminista?

-Creo que sí, profundamente. Más feminista que muchas mujeres hoy. Ella se fue de su casa cuando tenía 15 años por una historia de amor y pasión por lo que quería hacer en el futuro. Estamos hablando de 1930 y pico, vivió sola en pensiones, construyó sola su profesión artística. Amó al hombre que quiso, y tuvo algunos amantes que quiso. Era muy liberal para la época y, sobre todo, después desafió al poder con una actitud que solo las grandes mujeres tienen en momentos muy delicados. El desafío de estar construyendo con Perón y estar sosteniéndolo en su lucha contra la iglesia, los militares propios.

-Y también el sector de los obreros.

-Eva construyó el vínculo más sólido con los trabajadores. Hay un capítulo que se llama la vida por los descamisados y es eso. Si Eva tuvo claro quiénes eran sus aliados y su basamento eran los trabajadores.

-Pero también para ella era fundamental el tema de los niños y de los ancianos.

-Es verdad, los niños son los más débiles y los que deben ser protegidos. Y cuando ella decía, donde hay una necesidad hay un derecho, estaba diciendo eso. Ahí donde está la desprotección. Con el tema de las mujeres ella fue central, una pionera, aunque fuera o no consciente. La participación de las mujeres en la política que venía con las sufragistas, anarquistas.

-Lo que ella llama “estructura orgánica”.

-Le da una estructura que lo vincula al estado y a la política cotidiana de los argentinos.

-Había hecho una película sobre Evita, también, ¿se considera evitista?

-Soy profundamente evitista.

-Desde siempre porque, si bien yo no era peronista, no fui peronista en los años setenta, sí era evitista. Mi mamá era evitista absoluta. Siendo muy pequeña recuerdo que mi mamá le ponía unas velitas chiquitas a la foto de Eva y de Perón. Además yo soy mujer, y creo que hay una líder mujer extraordinaria.

-A veces la que menos la quieren son las mujeres.

-Sí, como hacen con Cristina. Y las mujeres somos así, tenemos nuestros rasgos, como que necesitamos que una mujer no sea lo grande que es para nosotras sentirnos mejor. Hay cierta envidia femenina. Para mi generación, siendo parte de la generación del 70, a esa mujer le creímos. Entonces no solamente había que reconocer que “donde hay una necesidad nace un derecho”, sino llevarlo a la práctica. Creímos mucho en ella como abanderada de los humildes y los revolucionarios. Eva es todo eso.

-¿Y después se hizo peronista?

-Después me di cuenta que las trampas de la razón son muchas. Y la verdad que el único movimiento que ha podido nuclear en serio la persistencia de lo popular en nuestro país es el peronismo, con sus contradicciones, como dice Alicia Eguren. Los héroes, los chorros, los decentes, los indecentes, todos de la primera junta en adelante es el peronismo.

-En el libro está detallado todo lo que pasó con el cadáver de Evita.

-Sí, claro. Hice una investigación hace unos años.

-¿Por qué le pareció que había que profundizar ese tema?

-Eso tiene que ver con la esencia de la política en nuestro país, hay que desarrollarlo más y creo que esos serán mis futuros trabajos. Pero hay una marca muy jacobina en las pasiones políticas. Son terminantes y extremas. En el caso de Eva, la forma más extrema del odio de los sectores dominantes a los sectores populares. Era como un odio metafísico porque perseguían la muerta.

-Pero era todo un símbolo.

-Era una persecución metafísica. Estaban persiguiendo un cadáver, pero en realidad, Evita ya era mítica antes de que se transformara en un mito, la vida que tuvo la transformó en un mito. A veces se confunde, se cree que el mito se construye a partir de la muerte, y no. Si no fuera sido amada, si no hubiera peleado como peleó por sus convicciones, su muerte hubiera sido intrascendente. Si hay una historia donde el odio político se transforma en una gran película casi pornográfica de lo que es la persecución de una opositora, es en este caso.

-¿Cómo puede profundizar esa idea?

-No se animaron a desafiar tanto el odio de dios, como decía César Vallejo. Porque finalmente tuvieron que pactar con el papa Pío XII y sepultarla en el cementerio mayor de Milán. La usaron como carta política cuando tuvieron que negociar con Perón para que viniera a tapar los 18 años de violencia que habían generado en Argentina a partir del golpe del 55. La usaron como carta pacificadora a ella, que la habían perseguido y a su cadáver violado.

-¿Lo que pasó con su muerte es un indicio para analizar la situación de país?

-Es interesante ver el caso de la muerte de Eva como un fenómeno para entender la manera en que se expresa la violencia o el odio político en la Argentina, de una forma tan terminal. Y creo que tiene que ver con el jacobinismo, tanto nuestros patriotas fueron jacobinos como la restauración con los patriotas.

-¿Qué tomaría de la agenda que marcó Evita para este presente que vivimos en la Argentina?

-Insistir con “donde hay una necesidad hay un derecho”, creo que esa es la primera condición de la política. La segunda es que el estado debe trabajar para el bienestar y la alegría de la sociedad. Tiene que ser un estado benefactor, que proteja a los más débiles y que participe en la distribución del ingreso. Ella lo entendía claramente a eso. La otra es que las mujeres vayamos por todo lo que nos corresponde, como participación, igualdad de oportunidades.

-¿De dónde piensa que venían sus ideas? Porque no tenía formación académica y entendía conceptos que muchos que van a la universidad no.

-No era académica pero era brillante. Era sensible, creyente, y además estaba al lado de un genio político como Perón en ese compartir con el compañero, con el amor de su vida. Ella participó activamente y entendió. Por ejemplo, cuando va a Europa, y después vuelve, es otra Evita. O sea, logra desarrollar una gran intuición política sus relaciones internacionales que eran difíciles, en esa época sobre todo porque se había consolidado el fascismo en España y Europa venía de la guerra, estaba destrozada.

-¿Qué otras descripciones puede realizar de su perfil como mujer política?

-Tuvo una profunda intuición, era muy inteligente, brillante y sensible. Tenía claro ese norte en esa construcción política del momento. Padece la doble moral y el mundo de los conservadores en el campo. Su madre, era madre soltera. Eva nació en Los Toldos y conoce los conservadores y ese mundo pastoril de valores atrasados que los refuta al venir a la ciudad. Su construcción viene del ambiente más liberal que es el de los artistas, sigue siendo un ambiente de libertad, de creación, y su sensibilidad la acerca. Se enamora del hombre clave en ese momento y hay una simbiosis política y amorosa extraordinaria en la historia argentina que se da muy pocas veces en el siglo XX.

-¿Qué siente cuando ve que Evita se convirtió en una moda, y su cara y su nombre aparecen en remeras y restaurantes?

-Está perfecto. Está muy bien que siempre esté de moda. Me encanta, sería horrendo que no estuviera de moda. Me parece que ahí hay algo como la entidad de los sueños, de lo revulsivo, la contestación. Hay algo vivo en esos muertos, siempre.

-Hace poco salió otro libro, Sinceramente, de Cristina Fernández de Kirchner, hay versiones periodísticas dicen que usted estuvo detrás colaborando.

-La verdad es que hay muchas versiones periodísticas todo el tiempo. Se necesita buscar que las grandes personalidades tengan siempre sus co-equipos de lobby.

-Que no estaría mal, porque si se está con muchas ocupaciones, coordinar un equipo no sería raro tampoco.

-Entonces, ¿No colaboró en el libro?

-Se inventa todo el tiempo. El otro día leí que habían inventado la manera en la que había trabajado ella, si lo había escrito, si no lo había escrito. La verdad es que la persona que ha escrito todos los discursos de Néstor, que quizás es la líder política de la Argentina de toda la modernidad democrática. Basta con solo recordar los informes de gestión del Congreso los primeros de marzo. Me acuerdo del último, el de 2015, tres horas cuarenta y cinco minutos, una multitud escuchando en silencio el informe de gestión. La verdad es que no necesita mucha ayuda.

-Me gusta. Me encanta que esté en primera persona. Es ella, parece que te está hablando todo el tiempo.

-¿Hay algo del libro que haya leído que no sabías o que te haya sorprendido?

-Sí, por supuesto, un montón de cosas. Por ejemplo, me encantó eso de la carta de San Martín a O’Higgins que no se sabía, que le regaló. Me encantó, me pareció una revelación. Me gustó mucho la relación y reflexión que ella hace con Bergoglio.

-Las vueltas de esa relación.

-Tal cual. Me parece muy interesante cómo ve la relación con los medios, también. Creo que hay una parte donde se refiere al empeño de la discusión con Clarín, que fue una batalla cultural, porque en realidad, lo más importante hubiera sido poder lograr una buena ley antimonopólica.

-¿Cree que ese libro es su lanzamiento como candidata?

-No lo sé, es algo que no sale del libro. Lo que sí sale es que va a haber que barajar y dar de nuevo. Me parece que lo que se nota es la angustia de ella porque no se puede estar yendo y viniendo con dos modelos absolutamente antagónicos. El modelo de desarrollo industrial, capitalismo interno, desarrollo hacia adentro, crecimiento, ciencia, el modelo nacional y popular de un estado presente, y el modelo de depredación capitalista, financiera, como la actual. Ella tiene una alta definición de “así no podemos seguir”. Vamos a tener que ponernos de acuerdo en cómo compatibilizar esos dos modelos que existen en Argentina. Eso me parece una gran definición.

-¿Por qué cree que es un éxito editorial?

-El otro día alguien me decía que van por 200 mil ejemplares. Porque el tamaño de la demanda tiene que ver con el tamaño de la esperanza, de que esa líder política guíe a millones hacia dónde ir. Y además, porque es notable que la quieren. Hay mucha gente que quiere a Cristina como la querían a Eva. No es muy explicable el amor en la política.

-¿Qué hay de la historia de amor con Néstor?

-Un capítulo entero donde habla de la construcción de la familia. Él decía que con ella nunca se iba a aburrir, y ella decía que con él siempre iba a poder hablar. Una vez, a la madre (de Cristina) le preguntaron por qué, entre todos los muchachos, siendo ella la piba más linda del barrio, eligió al narigón, con el ojo medio virola. Y Ofelia contestó “porque encontró con quién hablar”. Es una definición extraordinaria. Cuenta esa historia muy bien y lo que siente como anexo a la condición de mujer, la presión por el poder, cómo se desnaturaliza la condición de mujer. Las mujeres que ejercen un poder delegado, como el caso de Cristina.