Pekín aseguró que se trató de un ejercicio militar de rutina, mientras Japón, Australia y Nueva Zelanda advirtieron sobre el impacto de la maniobra en la estabilidad regional.
Un nuevo ensayo militar de China en el océano Pacífico Sur generó un fuerte rechazo internacional. El Ministerio de Defensa de Pekín, a través de la agencia oficial Xinhua, confirmó que un submarino nuclear lanzó de prueba un proyectil balístico con carga simulada el lunes al mediodía.
Pese a que las autoridades chinas aseguraron que se trató de un ejercicio convencional debidamente comunicado a las naciones vecinas, la sorpresiva exhibición de fuerza despertó profundas dudas e inquietud sobre el equilibrio geopolítico regional.
Desde la Cancillería china salieron a respaldar el procedimiento. De acuerdo con la versión oficial, el ensayo formó parte de maniobras militares anuales “de rutina”, se desarrolló conforme al derecho internacional y no estuvo dirigido contra ningún país ni objetivo específico.
En esa línea, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Mao Ning, insistió en que la prueba se llevó a cabo “en condiciones de seguridad, de forma reglamentada y profesional”, al tiempo que pidió a la comunidad internacional “no sobreinterpretar” el ejercicio.
Sin embargo, los argumentos de Pekín no aplacaron el malestar en la región. Desde Nueva Zelanda confirmaron que el aviso oficial llegó con apenas unas horas de anticipación y cuestionaron la oportunidad del ensayo. El canciller neozelandés, Winston Peters, advirtió que el misil atravesó la Zona Libre de Armas Nucleares del Pacífico Sur, un área protegida desde 1986 por el Tratado de Rarotonga.
Si bien China ratificó los protocolos de dicho acuerdo en 1987, comprometiéndose a evitar ensayos o amenazas atómicas en el área, el uso de una ojiva inactiva no logró calmar las aguas. “Pese a nuestras añejas preocupaciones, China llevó a cabo la prueba a las pocas horas de informarnos”, denunció Peters.
Para sumar complejidad al escenario, el lanzamiento coincidió con la firma de un pacto de defensa entre Australia y Fiji. El acuerdo es visto por los analistas como una maniobra estratégica de Canberra para frenar el avance diplomático, financiero y militar de Pekín en el Pacífico Sur, una zona clave en la disputa por la hegemonía global.
En la vereda opuesta, Rusia salió a respaldar la maniobra y aseguró que el gigante asiático “no amenaza a nadie”. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, defendió el lanzamiento al calificarlo como un “derecho soberano” de Pekín, al tiempo que ponderó la cooperación militar bilateral como un elemento clave para la estabilidad internacional.
