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Cuando la tecnología encontró sus límites, fue el conocimiento ancestral de la Puna el que marcó el camino.

En medio del intenso operativo de búsqueda en Antofagasta de la Sierra, fueron los baqueanos de la zona quienes lograron lo que parecía imposible: encontrar a los mineros que permanecían atrapados bajo la nieve, en un paisaje donde el frío, la altura y el temporal habían paralizado gran parte de los recursos disponibles.

Los helicópteros no pudieron llegar. Los aviones no lograron despegar por las condiciones climáticas. A pesar del despliegue de recursos y de la tecnología utilizada para intentar localizar a los trabajadores, la búsqueda terminó dependiendo de quienes conocen cada rincón de la Puna: sus propios habitantes.

Agustín Mamani, guía vaqueano de turismo y vecino de Antofagasta de la Sierra, junto a Fredy Delgado, Vidal Mamani y otros baqueanos locales, encabezó el rastrillaje que permitió encontrar a los dos mineros que aún permanecían desaparecidos. Los otros dos trabajadores también habían sido localizados gracias a la intervención de rescatistas de la comunidad.

“Después de los intentos anteriores, sentía que el compromiso era todavía mayor. Fuimos hasta el punto donde marcaban las últimas señales de los teléfonos satelitales, pero no estaban allí. En la madrugada decidimos avanzar hasta el siguiente punto de referencia y, en ese trayecto, encontramos la camioneta completamente cubierta por la nieve”, recordó Agustín Mamani.

No hubo caminos fáciles ni soluciones desde el aire. El rescate avanzó paso a paso, como se hizo siempre en la inmensidad de la Puna: guiados por la experiencia, la intuición y el conocimiento del terreno.

Estos jóvenes baqueanos demostraron que hay saberes que no pueden reemplazarse con maquinaria ni tecnología. Su lectura del paisaje, su resistencia física y su decisión de seguir adelante cuando otros recursos ya no podían operar fueron determinantes para que el operativo llegara a buen puerto.

Más que protagonistas de un rescate, fueron el rostro de una comunidad que conoce su tierra y que, cuando las circunstancias lo exigen, pone ese conocimiento al servicio de la vida. Su labor merece ser reconocida como una muestra de compromiso, valentía y profundo amor por la Puna.

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