El final lo tendría que haber dado en mayo, pero por la cuarentena, se postergaron las llamadas a mesas de exámenes y finalmente, el 3 de julio, pudo rendir “Didáctica en enfermería” y cumplió así uno de los sueños de su vida.
En su familia, desde chica, siempre se le inculcó que las puertas se abren con el estudio. Para lograrlo, tuvo que sortear muchas dificultades que hicieron de sus años en la facultad, un camino por momentos sinuoso. En 2005 se recibió de auxiliar de enfermera sin saber que esos conocimientos la ayudarían para asistir a su madre cuando enfermó.
Esa fue la primera vez que tuvo que abandonar la carrera. “En 2011 tuve que dejar los estudios para acompañarla durante la diálisis. Nos mudamos para hacer el tratamiento y siempre estuvo con ella. Antes de morirse, me volvió a decir que tenía que terminar la carrera. ‘Estudiá por vos’, repitió”.
También allí se enamoró de su marido Timoteo García con quien tiene un hijo de cuatro años. “Él es Agente Sanitario y además de mi mamá, es quien más me apoyó y alentó para que terminara la carrera”.
Universidad pública y acceso a la tecnología
Adela explica que lo más complicado para ingresar a la facultad es el cambio cultural: “Cuando empezás a estudiar siempre hay una barrera ya sea por el miedo a la tecnología o los cambios en la sociedad”.
Además, explica que si bien ella nunca se sintió discriminada y eso no ocurre en la carrera de enfermería, hay discriminación en otras áreas de la universidad. Frente a las dificultades que pueden surgir para los estudiantes de pueblos originarios que llegan del interior a la capital, Adela advierte que hay una organización estudiantil conformada por jóvenes de las etnias qom, wichí y pilagá que se encarga de apoyar y ayudar mucho a los que vienen de diferentes localidades. “Se trata de la Comisión Interétnica de Estudiantes de Pueblos Originarios que trabaja para acompañar a los alumnos que llegan a la universidad”.
El apoyo que recibió Adela de su madre, hermanos, marido y cuñadas se ve traducido en el aliento que ella le da a otro jóvenes para que no abandonen los estudios.“Yo les digo que ellos están más adaptados a la tecnología. Que sigan por más que sientan a veces que la gente los mira. ‘El titulo va a decir tu nombre, no el de ellos’”, les repito.
Adela explica que después de tener a Feliciano Enrique, que ya cumplió 4 años, tuvo que postergar la maternidad y esperar para tener otros hijos. Todo para poder seguir estudiando. “Mis cuñadas lo cuidaban de bebé para que yo pudiera quedarme en la facultad haciendo los trabajos en las computadoras de la biblioteca y después ir a trabajar”.
Fueron muchas las dificultades y momentos duros que atravesó Adela antes de conseguir el título. El año pasado, en el último de la carrera tuvo un embarazo de riesgo. “Tuve preclamcia y perdí el bebé. Ahora tengo 43 y no puedo tener más hijos”.
Trabajando como enfermera y con el objetivo de seguir capacitándose profesionalmente, en agosto empezará a cursar la Licenciatura en Enfermería. “Mi sueño en un principio había sido ser médica, pero no pude. De todos modos, conseguí el título de enfermera universitaria y ahora voy a arrancar con la licenciatura que son dos años más”.
Antes de terminar la comunicación con TN.com.ar, Adela vuelve a insistir con el mensaje de aliento: “‘Vos valés’. Eso es lo que quiero que sepa mi hijo, que ojalá también estudie y se reciba de lo que quiera. Tiene todas la carreras para elegir lo que quiera hacer y ser en la vida”.
Fuente: TN.com