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Una muñeca Piel Angeli de goma posa al lado de un trompo San Alberto en la primera vitrina que expone los ejemplares más antiguos. Arriba de ellos, sobre un estante de metal, se lucen objetos de cuero, estopa y papel maché con el sello de la Fundación Eva Perón. Debajo, a ras del suelo, están conservados en una caja original una colección de trenes fabricados con la icónica hojalata litografiada producida por la planta de Costabile Matarazzo.

Es la primera vista de un espacio que en su panorámica completa exhibe verdaderas reliquias que, desde la fachada y sus materiales, narran la historia de la industria del juguete, delatan su progreso y evidencian su porvenir.

El lugar se llama Superbatuque y se presenta como el primer museo del juguete antiguo de la Ciudad de Buenos Aires. Es, en concreto, el resultado de la obra que hace tres años comenzó a edificar Demian Ventura, el gestor detrás del colorido proyecto que invita a los visitantes a viajar marcha atrás en su mente para reencontrarse con parte de su infancia.

Ventura es museólogo, artista plástico y restaurador. De día trabaja en un taller y de noche dicta clases en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano de Barracas. Tiene 39 años y colecciona juguetes desde hace dos décadas.

Empezó con artículos de los años ’50, los vehículos Eico, Escuderia El Ruterito. “Mi idea era estudiar esa marca de matriz nacional y hacer un inventario de la fábrica. Busqué archivos de revistas, fotografías de chicos y hace diez años armé un blog”, recordó en diálogo con Infobae.

Aquella iniciativa lo atrajo más de lo que pensaba y el coleccionismo se fue convirtiendo de a poco en una parte de su vida. Así fue conociendo a personas a las que los une el mismo hobby. Con ellos suele intercambiar artículos infantiles como si fuesen figuritas. Es una práctica habitual entre aficionados y uno de los que Ventura más disfruta. “Es muy lindo el momento en el que se busca la pieza y se investiga a quién se la comprás, recorriendo ferias y juntándose con gente que comparte el interés”, apuntó.

La búsqueda continuó con el recupero de objetos con los que se divertía desde chico, como los muñecos de los famoso felinos Thundercats que hoy forman parte de la muestra. Con el paso del tiempo, la colección no solo se nutrió del intercambio, sino también de regalos, donaciones y compras. Y así los juguetes se fueron acumulando, a tal punto que apareció el problema del espacio en el hogar.

Ventura comparte una vivienda en la localidad de Lanús con su pareja Alejandra y sus dos hijos, un nene de 8 años y una nena de 6. “En mi casa se empezó a complicar porque tenía una habitación llena y ya no entraban más”, explicó.

A eso se le sumó el anhelo por compartir sus conocimientos sobre la historia del juguete. “Hay coleccionistas que guardan en cajas y van archivando. Pero a mí me gusta ver todo, no me interesa tener algo guardado. Disfruto el coleccionismo pero deseo que también lo vea otra gente”, sostuvo.

De esta forma se empezó a concebir Superbatuque, cuyo nombre es una mezcla de Superman y un perro de juguete llamado Batuque, que se ubica en la calle Picheuta al 1600 del barrio porteño de Parque Chacabuco. El local fue inaugurado el miércoles pasado y hoy abrió sus puertas por primera vez al público, con entrada libre y gratuita.

Los que concurran podrán contemplar la evolución de los objetos alguna vez anhelados, apreciados y atesorados en la niñez, pasando por ejemplo de una coupé de chapa y madera que se cargaba conectando a la corriente a la afamada casa de Barbie. “Mi idea es que vengan padres y abuelos con su hijos y nietos y les comenten ‘yo jugaba con esto'”, señaló el dueño, que vistió para la ocasión una remera con el logo en rojo y negro de su personaje predilecto: Superman.

Detrás del vidrio y aluminio de las vitrinas, el museo, que se podrá visitar los sábados de 14 a 18, alberga más de mil piezas, que están catalogadas por épocas, segmentadas por décadas. En la colección hay modelos de vehículos Gorgo, robots Piston, los autos de carrera Trueno Naranja y Flecha de Plata de Duravit, muñecos de Brigada Cola, Mork & Mindy, Condorito, las tortugas Ninja, Alf, Mafalda, He Man, Rambo, Terminator, King Kong y Godzilla, entre tantos otros.

También personajes customizados de Titanes en el Ring, Lucha Fuerte y hasta una vecindad de El Chavo del 8 que el propio Ventura reconstruyó con masilla, pintura y laca a partir de otros que habían perdido valor al romperse y quedar en desuso.

Dos posters y un avión colgante decoran el ambiente en el que no faltan juegos clásicos (Cerebro Mágico, Mis Ladrillos, Operación, El Mago Chan, Come Queso) y las primeras consolas que se comercializaron en el país. “Un popurrí de todo”, sintetizó el coleccionista que aspira a que el peculiar rincón porteño sea algún día declarado como de interés cultural.

Hay además un importante lugar exclusivo para muñecos de Superman. Allí sobresalen uno de tamaño real -también de fabricación propia- inspirado en Christopher Reeve y otro que le regaló su madre al nacer. En este sector destaca su favorito: un ejemplar de pasta y madera de la primera serie del “héroe de acero” elaborado en 1939 en Estados Unidos.

“Se lo cambié a un coleccionista que lo compró en una subasta en Francia y me lo intercambió por un Duravit que quería. Viajó por el mundo y hoy está acá”, cerró la charla Ventura. Cada juguete tiene su propia historia y para él, conocer la del próximo y encontrarlo es lo que más le satisface.

Fotos: Nicolás Stulberg