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“Eva Santa del Pueblo”. Con esta consigna la Confederación General del Trabajo convocó este martes a un acto en Azopardo 802 para impulsar la beatificación de Eva Perón.

Con la presencia del consejo directivo y representantes de los curas villeros, la CGT emitió un comunicado donde expresó: “Eva Perón entregó su vida en un mandato providencial que fue la misión de rescate de la dignidad de la persona humana en su sentido más trascendente. Síntesis de una profunda fe en su Pueblo y en Dios que a cien años de su nacimiento continúa estando en el corazón popular y en los altares del pueblo humilde junto a la Virgen María”.

En el último párrafo, la central obrera se dirigió al papa Francisco: “El pontificado puede alumbrar un camino, si estamos dispuestos a seguir las huellas que dejaron nuestros mejores hombres y mujeres”. Si bien el anuncio fue apenas un primer paso dentro de los objetivos de la CGT, fuentes vaticanas indicaron a Infobae que “no bastan los buenos deseos”. 

En el documento presentado, se justificó que “Eva Perón sintió y así lo predicó, la misión de venir al mundo para hacer obras de bien que entregó como don al pueblo argentino e iberoamericano y a todos los pueblos con sed de justicia. Su amor no fue complaciente, sino el del difícil y doloroso camino de la Cruz, de hacer justicia y verdad”. 

Consultado por Infobae acerca de la solicitud, el padre Guillermo Marcó aclaró que “no es lo usual” que lo solicite una institución como la central obrera. Para quien fuera vocero de Jorge Bergoglio cuando era arzobispo de Buenos Aires, este caso “es más una canonización popular que pedirle a la Iglesia que realmente abra un proceso para considerar la beatificación”. 

Sobre las etapas que debe atravesar la CGT para conseguir la beatificación de Evita, Marcó explicó: “Tiene que haber un sacerdote que postule a un candidato para estudiar el caso. El primer proceso consiste en aceptar los motivos del postulador, que debería ser un cura de donde era el candidato”, en este caso, Buenos Aires. Luego de reunir testimonios de quienes hayan conocido al postulante, y previo a considerarse la beatificación y canonización, “el caso se acepta en Roma donde se declara a la persona ‘sierva de Dios'”, detalló.

Al respecto, desde el Vaticano fueron categóricos: “Sin una causa asumida por un postulador, no hay curso”. En otras palabras, sin un sacerdote que se haga cargo de la iniciativa, la Santa Sede no puede proceder y el pedido pierde valor.

Si un cura avanzara con la presentación, el candidato -en este caso Evita- debería luego ser declarado venerable por el Vaticano. Esta condición indispensable en el proceso de canonización cuenta con una serie de etapas donde un tribunal, una comisión de censores y el relator de la causa evalúan escritos y testimonios sobre el postulante para luego elaborar un documento denominado “Positivo” donde se incluyen los principales aspectos de la vida y virtudes de la persona. Tras ser discutido por una comisión de teólogos, cardenales, obispos y la Congregación para las Causas, el último paso es la firma de un decreto del Santo Padre a través del cual el “siervo de Dios” pasa a ser considerado venerable.

Para culminar con la beatificación, en principio se le debe atribuir al venerable la realización de un milagro. Dos son los milagros necesarios para ser proclamado santo. Sin embargo, si la persona fue reconocida como mártir, llegado el caso Francisco puede obviar el milagro ya que no es necesario para su beatificación.

Considerar a Evita mártir correspondería al Colegio de Cardenales, que  evaluaría si sufrió persecución y muerte por defender una causa religiosa o ideológica. Sobre el caso de Eva Perón, fuentes vaticanas aclararon que el “el Cristiano es mártir si muere matado no por enfermedad” y que la causa no se resuelve “por aclamación popular”.

El pedido de la CGT agregó: “En este marco profundamente cristiano, católico y humanista, esta Confederación General del Trabajo entiende el mensaje y la obra inconmensurable de Eva Perón. Porque en Argentina, la revolución justicialista convirtió la masa sufriente y descreída en pueblo con conciencia social, fe compartida y organización comunitaria”. 

Y concluyó con un guiño al Papa: “El renacimiento de la Argentina está cifrado en la recuperación de estas fuentes espirituales de la nacionalidad. El pontificado de Francisco puede alumbrar un camino, si estamos dispuestos a andar las huellas que dejaron nuestros mejores hombres y mujeres”.