Comparte!

La Ciudad de México vivía una época oscura. Era el siglo XIX y una epidemia de cólera azotaba el entonces pueblo de Iztapalapa, habitado en aquella época por unas 10,000 personas.

En aquel agosto de 1833, Iztapalapa sufría los estragos de la enfermedad, la más mortífera en Europa y América durante ese siglo. Dicen que el cólera se había llevado ya a la mitad de los habitantes que tenía el poblado.

Con el manto de la muerte expandiéndose sin control, los pobladores de Iztapalapa decidieron recurrir a su fe. Niños y huérfanos encabezaron una procesión al santuario del Señor de la Cuevita para implorar a Dios por el fin de la epidemia.

A cambio, los habitantes de Iztapalapa prometieron realizar cada año una representación de la Pasión de Cristo. Y así lo hicieron. La epidemia terminó y en 1843 presentaron el vía crucis empleando esculturas de una parroquia. Después serían los pobladores quienes pondrían su emoción y entrega para dar vida a Cristo, Poncio Pilatos, María Magdalena y los nazaneros y romanos que acompañan la procesión.

En 1843, cuando empezó a realizarse la representación, el controvertido Antonio López de Santa Anna ocupaba la silla presidencial en México. El país perdió años después la mitad de su territorio, se enfrascó en una guerra civil entre liberales y conservadores, el imperio de Maximiliano de Habsburgo se instaló, Benito Juárez tomó el poder, vinieron más adelante las tres décadas del Porfiriato.

Estalló luego la Revolución Mexicana, el país se pacificó y comenzó la era del PRI al frente del poder, ocurrieron tres terremotos de gran magnitud y aún así, en medio de todos esos cambios que vivió México, la Pasión de Cristo de Iztapalapa nunca dejó de representarse. 

En esta representación, el Cristo es un joven habitante de alguno de los barrios de Iztapalapa. Aquí Judas Iscariote carga las 30 monedas por las que vendió a Jesús, pero no son de oro, sino de chocolate, y las reparte entre los millones de asistentes.

En Iztapalapa la representación cambia de un año a otro. Se añaden o se quitan paisajes. Pero lo que no se modifica es la emoción que los actores ponen para interpretar su papel. Si uno se acerca demasiado a los romanos se puede llevar uno de los latigazos que van dirigidos contra Cristo.

Este 2019 no es una epidemia de cólera lo que afecta a Iztapalapa. La demarcación es la más golpeada por la inseguridad y delincuencia en toda la Ciudad de México. Más allá de esos problemas. sus habitantes siguen manteniendo en pie una tradición que busca ser inscrita en la lista de la UNESCO de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Para ser el Cristo de Iztapalapa

Conseguir el papel de Cristo no es cualquier cosa. Para interpretarlo se debe ser originario de uno de los ocho barrios tradicionales de Iztapalapa: Santa Bárbara, San Ignacio, San Lucas Evangelista, La Asunción, San José, San Miguel, San Pablo y San Pedro.

Debe ser soltero, sin hijos. No tener tatuajes ni vicios. Además de ser mayor de 18 años.

Su condición física es fundamental, pues debe cargar durante 2 kilómetros una cruz de unos 90 kilogramos de peso y unos 6 metros de largo.

2 millones de asistentes se esperan en la Pasión de Cristo de este año

2,000 nazarenos acompañan la procesión (personas que hicieron alguna promesa y también cargan una cruz)

1,000 personas representan a los soldados romanos

300 a 2,000 pesos lo que los actores deben pagar en su vestuario

176 es el número de la representación que se realizará este 2019

13 son los domingos de antelación en los que se ensaya la Pasión de Cristo