Javier Milei, presidente de la Nación. Jorge García Cuerva, arzobispo de Buenos Aires.

El arzobispo de Buenos Aires abrió la ceremonia interreligiosa de la asunción presidencial con un pedido de unidad. También estuvieron presentes representantes de otras religiones.

Javier Milei encabezó la ceremonia interreligiosa que forma parte de las actividades de la extensa jornada de asunción presidencial. Después de tomarle juramento a su gabinete, el flamante mandatario ingresó junto con su equipo a la Catedral Metropolitana de Buenos Aires.

El primero en tomar la palabra fue el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, quien bendijo a la patria argentina y al gobierno que ayer comenzó su gestión. Con un mensaje de unidad, leyó el versículo 7:24 del Evangelio según San Mateo y aseguró: “Debemos reforzar y trabajar la unidad entre los argentinos”.

“Algunos pensadores contemporáneos plantean que vivimos la modernidad líquida, una época donde todo se diluye, se disuelve, se fragmenta, con ellas pueden llevarse al olvido algunos pilares que nos constituyeron como Nación. En este contexto, el evangelio nos habla de una casa, de cimientos, nos invita a mirar lo que no se ve, pero permite que toda la construcción fuera posible. Fundamentos que, más allá de las modas, nos permiten que nos pongamos de pie”, expresó el arzobispo.

“Nuestro país es nuestra casa que sabemos que ha sufrido y sufre muchas tormentas, torrentes de exclusión, de dignidades pisoteadas, de inflación, de grietas, de intereses mezquinos, de desencantos y sueños rotos. Nos toca a nosotros recordar, reforzar y valorar los cimientos que nos permitieron mantener viva la esperanza, porque siempre es posible renacer si lo hacemos entre todos.”, añadió.

Además agregó: “Uno de los cimientos que debemos reforzar es la fraternidad, trabajar la unidad entre los argentinos. Una fraternidad que reconozca y valore las diferencias, que éstas no sean usadas para dividir o enfrentarnos más, sino para encontrar nuevas respuestas a problemas que nos acucian. Esta tierra supo hospedar y generar oportunidades, por eso no nos dejemos robar la fraternidad social. Nadie es prescindible, nadie es descartable. Es importante reconocer que somos una comunidad, dejar de lado personalismos y generar consensos y acuerdos que permitan a la creatividad y audacia abrir nuevos caminos. Hay muchos hermanos nuestros al borde del camino que necesitan ser parte viva de esta Nación”.

Por último, habló de un “Dios liberador” y citó al Papa Francisco: “El segundo cimiento que hay que reforzar es la libertad. Como hermanos en la fe, todos los aquí presentes, compartimos la creencia en un Dios liberador, que nos quiere librar de la opresión, de la avaricia y de la codicia. Nos quiere liberar de la injusticia e inequidad, y toda forma de violencia. Un Dios que nos hace libres, para estar más dignos y solidarios. Nos impulsa a comprometernos, a ser solidarios con los que más sufren. Como decía el papa Francisco, ‘la verdadera libertad se expresa plenamente en la caridad. No hay libertad sin amor. Una de las concepciones más modernas difundidas sobre la libertad es esta, y libertad termina donde empieza la tuya, pero aquí falta la relación, falta el vínculo. Eso es una visión individualista’.

La ceremonia continuó con la palabra del rabino Simón Axel Wahish y otros representantes religiosos. Todo el evento fue transmitido por los canales oficiales de la Casa Rosada.