sábado, mayo 25, 2024
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En Kurdistán el patriarcado se cayó

El Movimiento de Mujeres del Kurdistán ha logrado liberar zonas enteras de las imposiciones patriarcales más violentas y comunes en Medio Oriente: matrimonios forzados en la infancia, violaciones sistemáticas, femicidios que ni siquiera son considerados así sino un derecho de familia. En las ciudades liberadas, cada puesto de decisión es ocupado por una mujer o por una mujer y un hombre a la vez. Una reportera gráfica rosarina llegó al Kurdistán para documentar la revolución que hizo posible que las mujeres decidan sobre sus vidas en esa región que ocupa territorio en cuatro Estados de Medio Oriente.

En este momento, miles de presas y presos políticos y otras personas llevan adelante una huelga de hambre para pedir el fin del aislamiento de Abdullah Öcalan, el líder de un movimiento que concibe la opresión hacia las mujeres como la fundante de una sociedad desigual.

Virginia Benedetto llega a una montaña en la zona el Kurdistán. Una de las comandantas de la guerrilla kurda hace chistes, le aconseja que estire las piernas. Virginia viajó casi 14.000 kilómetros para conocer de cerca cómo es una revolución protagonizada por mujeres, en el corazón de Medio Oriente. Es reportera gráfica, concibe a la fotografía como una forma de lucha. Toma el té, escucha el sonido metálico del drone que es una amenaza constante de bombardeo. En un momento, saca de su mochila un pañuelo verde de la campaña nacional por el derecho al aborto. Les pide una foto y quiere explicar -a través de una traductora – de qué se trata. No hace falta. La más simpática, la mujer que ríe mientras combate en las montañas, le dice en castellano: “Ni una menos”. En la foto, tres comandantas sostienen el pañuelo verde y sonríen. “Creo que desde nuestro lugar, lo que podemos hacer es entender que no hay fronteras, que las fronteras son impuestas por los estados, que los pueblos son otra cosa. Cuando ellas me dicen Ni Una Menos, no hay frontera ahí. A veces siento que nos miramos mucho el ombligo y que hay que mirar un poco más allá. Si ellas, en ese contexto, pueden pensar en nosotras, me pregunto por qué sentimos que es algo que está lejos. Ellas luchan como nosotras luchamos, con una opresión mucho más fuerte, con una convicción mucho más fuerte, también. Mi deseo sería que nosotras podamos mirarlas un poco más”.

Casi al mismo tiempo del regreso de Virginia, el 8 de noviembre pasado, la diputada kurda del Partido Democrático de los Pueblos (HDP) Leyla Güven comenzó una huelga de hambre a la que se sumaron al menos cinco mil personas en Turquía y en marzo, otras en Europa, para pedir el fin del aislamiento del líder del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), Abdullah Öcalan, preso desde 1999 en la isla prisión de Imrali, condenado a prisión perpetua y aislado desde 2011. Debido a la presión internacional, recién en enero Apo -como le dicen- pudo recibir durante 15 minutos a su hermano. En ese país hay 260.000 presxs políticos distribuidos en 437 cárceles. Nora de Cortiñas visitó a principios de marzo a la legisladora y ayer al mediodía manifestó frente a la embajada de Turquía, junto al premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, en apoyo a las demandas de quienes sostienen la protesta.

“Öcalan no es solo una persona para el pueblo kurdo, sino que significa la paz y fue la persona que empezó a plantear el tema de la liberación de las mujeres en la sociedad kurda, estamos hablando de una sociedad en la que hace 25 años las mujeres no podían salir, estaban bajo el poder de la sociedad patriarcal y del estado turco”, explica Melike Yasar, del Movimiento de Mujeres del Kurdistán, quien sostiene que “la liberación de Abdullah Öcalan es la liberación de miles de presos políticos, porque la mayoría de quienes están en Turquía lo reconocen como un líder”. Melike recuerda que “en todos los lugares donde se liberaron del ISIS, lo primero que hicieron fue construir casas para las mujeres, con la lógica de la liberación de las mujeres. Las potencias coloniales, la OTAN, que están en el norte de Siria tienen intereses sobre el petróleo, y ahí hay peligro para ellos. No es que Isis ataque a los kurdos porque son kurdos, el peligro es que están liderando las mujeres, y no es algo formal, sino por el trabajo que llevan las mujeres kurdas, casa por casa, de construir otra sociedad. Por eso la liberación de Öcalan es la liberación de todo Medio Oriente”.

En la manifestación de ayer ante la embajada, se entregó un petitorio para que el gobierno de Recep Erdogan cumpla con los tratados internacionales y europeos de derechos humanos. Beverly Keene fue una de las peticionantes, forma parte del colectivo Diálogo 2000, y estuvo con la integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora en el último viaje a Kurdistán. “Lo principal es mostrar solidaridad a las más de 5000 personas que ahora están haciendo esta huelga de hambre en Turquía, la mayoría de ellos presos y presas y en segundo lugar, a través de esta diseminación, estas acciones, también plantear al gobierno de Turquía, a la comunidad internacional en su conjunto, la urgencia de una respuesta a esta demanda tan elemental, tan humanitaria”, dice la mujer.

Libertad es la palabra que más escuchó Virginia por distintos lugares de Kurdistán.  Cada una de las historias retorna con la fuerza de lo inolvidable. “Estábamos una tarde en la montaña y nos dijeron que iba a venir una familia guerrillera. Entonces, llega una mujer con el hijo. Estaba el drone en ese momento encima de nosotras  y habíamos tomado algunas precauciones. Nos vamos a tomar el té y a charlar abajo del árbol. Lo primero que a mí se me ocurre es preguntarle cómo era esto de que madre e hijo participaban de la guerrilla, cómo habían llegado. Ella ahí me corta medio en seco, y me dice que ella me quería hablar de la situación de Irán”, el relato de Virginia se detiene en el devenir de la conversación. Ella vuelve a la montaña, al árbol, al té compartido, al rostro de esa mujer. “Ahí empieza a hablarme de las violaciones que sufren las mujeres en ese lugar, de las nenas de 7 años que se tienen que casar con tipos de 70, de que tu marido, o tu hermano, o tu padre pueden matarte y no hay ningún problema, de que este menosprecio por las mujeres se va transmitiendo en los niños también; entonces los niños varones terminan despreciando cuando crecen a sus propias madres, en esta línea de desprecio hacia la mujer que está marcada culturalmente. Entonces, cuando ella me va contando todo eso me dice: ‘Y esa es mi historia’. En ese momento me quedé helada, porque además yo venía anotando en un cuadernito lo que ella me iba diciendo, y pensé que estaba hablándome de una situación más general”, recrea el impacto. “Me dijo esa es mi historia y yo no quería para mi hijo eso, por eso huí y me uní a las milicias, a las autodefensas y hoy puedo decir con orgullo que mi hijo es comandante, que lucha por la libertad de las mujeres”.

La organización plantea un doble poder para el Movimiento de Mujeres del Kurdistán. “Cada cargo que es ocupado por un hombres, es ocupado por una mujer, pero a su vez, vos tenés organizaciones, por ejemplo, milicias mixtas y milicias de mujeres solas. Las que son de mujeres solas tienen poder de veto sobre las mixtas. Si las mixtas deciden algo y la de las mujeres decide que no, se veta”, cuenta Virginia lo aprendido durante el mes que pasó viajando por distintas zonas. Shengal, un pueblo del Kurdistán iraquí y que fue arrasado en 2014 por ISIS, fue uno de los lugares que más la impactó, pero también el campo de refugiados de Makmur y en distintos lugares de la zona siria, especialmente en Rojava. Al poco tiempo de volver, esos dos lugares fueron bombardeados nuevamente por Turquía.

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