Las leyendas del tenis llevan 25 años juntos y tienen dos hijos. El Kid de Las Vegas se enamoró tras verla en una entrevista televisiva y no paró hasta conquistarla a pesar de los tropiezos.
“La vida no es en dónde vives, sino con quién decides vivir”, comentó Andre Agassi y bien podría utilizarse como prólogo de su propia historia de amor con Steffi Graf, dos leyendas del tenis que llevarán a la pantalla esta relación condimentada con desprecios, persecución, ¿infidelidad? y un matrimonio previo. Toda relación de amor con final feliz cautiva y emociona, y si se trata de dos súper estrellas carismáticas resulta aún más atractiva. Y así es la de El Kid de Las Vegas y Stefanie Maria Graf, quienes no sólo marcaron una época, sino que se convirtieron en mitos del deporte y en una de las parejas ícono del mundo de los famosos.
En lo deportivo se pueden encontrar muchas coincidencias: campeones de Grand Slam, N°1 del mundo, medallistas olímpicos y mucho carisma. Pero sus perfiles son totalmente diferentes, aunque en ambos casos están cruzados por la presencia perturbadora y permanente de sus padres, quienes los llevaron a pasar momentos traumáticos, hasta cuando ya estaban unidos en matrimonio.
Steffi, nacida en Mannheim antes de la caída del Muro, en 1969, en la por aquel entonces República Federal Alemana, siempre fue bastante reservada y le dio el perfil definitivo a la familia. Proyectada como una futura campeona, la llevaron a hacer dupla con Gabriela Sabatini, quien también aparecía brillando en el firmamento del tenis femenino, ambas con apenas 16 o 17 años. Sin embargo, su gran amiga sería otra argentina, Inés Gorrochátegui, la cordobesa que la recibiría en su casa de la capital de su provincia en muchas ocasiones, inclusive junto a Agassi. Contaba Inés que solían llegar de incógnito y camuflados, para evitar ser reconocidos.
A Graf no se le conocieron muchas relaciones amorosas, la más trascendente y duradera (siete años) fue con el piloto alemán Michael Bartels, todo lo contrario a lo que ocurría con el californiano, nacido en Las Vegas en 1970.

Rubio, pelilargo, extrovertido y con un look transgresor, no necesitaba mucho más para ser el centro de atracción en cualquier lugar al que acudiera. Andre jugaba siempre a ganador y en posición de banca, por eso, en 1991, después del Abierto francés, intentó acercarse a Graf, pero ella nunca le respondió el mensaje. Un año y un mes más tarde, Agassi tuvo la chance que esperaba y al ser presentados formalmente, le recordó aquel hecho y volvió a jugar a ganador: “Espero que no hayas malinterpretado mis intenciones, pero me encantaría hablar contigo en algún momento”. Esto sucedió durante la cena de los campeones de Wimbledon ‘92, cuando cada uno ganó en su cuadro. Por ese entonces, se estilaba que en un momento de la gala ambos campeones bailaran juntos, la ansiedad le ganó la partida al Kid y corrió hasta la afamada tienda londinense Harrods a comprarse un smoking. Cuando llegó a la fiesta le avisaron que el baile no se realizaría, por eso, Andre tiró un approach (en tenis, tiro de aproximación) en la primera jugada que tuvo.
Luego de aquel encuentro, la vida profesional y sentimental los llevó por caminos diferentes. Apagados y tranquilos, por el lado de la alemana, y totalmente mediáticos, por el lado de Andre, cuyo vínculo con Barbra Streisand ocupó mucho espacio en los medios de comunicación. A partir de 1992, la estrella de Hollywood no se perdía ninguno de los partidos de Agassi. Se la vio en diferentes torneos, en los que era señalada por el tenista, cuando la identificaba en la platea. Sin confirmaciones, pero bajo muchos rumores, Andre sólo atinó a decir que estaba fascinado por su voz y que ella era sólo “una muy buena amiga. Más que eso no puedo decir”.
Brooke, un amor por fax
Al año siguiente, Agassi se sometió a una delicada operación de muñeca y comenzó su relación con la actriz Brooke Shields, quien intentaba reposicionar su carrera de niña prodigio para convertirse en actriz dramática. La esposa de Kenny G, intentando que Andre superara los escándalos de su amistad con Streisand, le sugirió que conociera a Brooke, cinco años mayor que él, pero se hallaba filmando “Nacidos para la libertad”, en Sudáfrica.
Las dudas y las necesidades entre ellos fue lo primero que los unió y, después, el padecimiento de la rígida crianza de sus padres. Por aquel entonces, no existían los mensajes de texto ni los mails y menos el Whatsapp, lo más común era enviar un fax. “En pocos faxes, pasamos de un flirteo inocente a compartir nuestros secretos más íntimos”, contaría Brooke años después.
Y así, sin conocerse personalmente, comenzaron un amor que fue bien recibido por el ambiente de la fama y los fans, pero que terminó en medio silencios, pelucas y un vacío, que parece que siempre llenó Steffi.
Varios años antes de casarse en 1997, El Kid le confesó a la actriz su mayor secreto: tenía miedo a perder contratos si el mundo se enteraba que ese cabello que lucía era una peluca rubia que solía pegarse, aunque a veces con poca adherencia. Algo que Andre consideraba una farsa. Junto a un grupo de amigos, Brooke lo apoyó y terminó rapándose la cabeza.
En Florida nació el amor
Ya sin pelo y sin peluca, el matrimonio con Brooke Shields se caía a pedazos y, en 1999, el divorcio ya estaba encaminado. Fue cuando Agassi volvió a enfocarse en Graf. Le pidió a Gil Reyes (preparador físico y mentor) que convenciera a Heinz Günthardt (coach de Steffi) de entrenar juntos en Key Biscayne, Miami. Y así lo hicieron. La alemana reconocería, tiempo después, que no entendía qué buscaba el californiano, ya que él estaba aún casado y ella en medio de su relación con Bartels. Sin embargo, accedió y recibió, como devolución, un enorme ramo de rosas y una nota que recordaba lo que le dijo en Wimbledon ‘92: “Me encantaría que pudiéramos hablar en algún momento”. Después de casi una década de insistencia, la perseverancia le daba su rédito al Kid de Las Vegas. A partir de allí y con el divorcio consumado, la relación empezó a concretarse.
Es que a Andre, la alemana nunca se le había ido del todo de la cabeza. “Yo estuve enamorado de Steffi desde antes de conocerla personalmente, desde que la vi en una entrevista en la televisión francesa”, escribió en su autobiografía Open, haciendo alusión a la insistencia en concretar ese encuentro. “Ella fue lo más difícil de ganar”, se sinceró.

